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"How
to Write a Best-Seller", es un artículo publicado en el "Evening
Standard" el 18 de agosto de 1964. Aparte de indicar sus motivos
para escribir y dar consejos a los principiantes, Ian Fleming explica
los orígenes de tres momentos clave de la novela Casino Royale.
También incluye las dos citas más famosas de Fleming. Gracias
a Eduardo Giménez.
El arte de escribir sofisticadas
novelas de suspenso está prácticamente muerto. Los escritores
parecen sentir vergüenza en inventar héroes de raza blanca,
villanos de color negro y heroínas en delicados tonos rosados.
Ya no soy un jovenzuelo,
tampoco un hombre mayor. Mis libros no son lo que podría considerarse
"políticamente correctos". No tengo ningún mensaje
para una humanidad que sufre, y aunque fui amedrentado en el colegio y
perdí mi virginidad como muchos lo hicieron en los viejos tiempos,
nunca he estado tentado en endosar estas y otras terribles experiencias
al resto de las personas. Mi obra no tiene intención de cambiar
a la gente o hacerla comportarse de una determinada manera. Ella está
escrita para heterosexuales de sangre caliente, durante largas travesías
en tren, en aeroplanos o en camas de hotel.
Tengo un encantador amigo que es un joven e impetuoso literato de renombre,
y que está muy molesto por el hecho de que hay mucha más
gente leyendo mis libros que los suyos. Hace poco intercambiamos algunas
palabras acerca de esto y traté de calmar su afectado ego diciéndole
que sus propósitos artísticos eran mucho más elevados
que los míos. Que sus libros apuntaban a la cabeza y, de alguna
forma, al corazón de los lectores. En cambio, los míos estaban
dirigidos a un lugar ubicado entre el plexo solar y la parte superior
de los muslos.
Lo que quiero decir es que si usted desea convertirse en un escritor profesional
debe decidir si va a escribir por fama, por placer o por dinero. Debo
confesar, sin pena ninguna, que escribo por placer y por dinero.
Igualmente, siento que, mientras las novelas de suspenso pueden no ser
consideradas literatura con "L" mayúscula, es posible
escribirlas de tal forma que puedan ser "Leídas como tal".
Esto ya ha sido logrado por personajes como: Edgar Allan Poe, Dashiell
Hammett, Raymond Chandler, Eric Ambler y Graham Greene. Y no veo nada
de malo en tratar de apuntar tan alto como ellos.
Por lo tanto, he decidido escribir por dinero tratando siempre de mantener
ciertos estándares en mi escritura. Los cuales incluyen: una prosa
directa, una gramática nada excepcional y una cierta integridad
en la narrativa.
Pero estas cualidades no garantizan un best-seller. Hay sólo una
receta para hacer best-sellers y es bastante simple: si usted analiza
con cuidado los últimos que haya leído, encontrará
que tienen la siguiente cualidad: no puede usted con ellos dejar de pasar
las páginas.
No puede permitirse que nada interfiera con la dinámica esencial
de una novela de suspenso. No puede haber nombres ni relaciones complicadas,
ni tampoco viajes o geografías que confundan o irriten al lector,
el cual no debe preguntarse nunca: "¿dónde estoy?,
¿quién es esta persona?, ¿qué demonios están
haciendo?". Y sobre todo deben evitarse las escenas en las cuales
el héroe rumia acerca de su mala suerte, revisa su lista de sospechosos
o reflexiona acerca de lo que debió haber hecho o de lo que se
propone hacer a continuación. Por todos los medios, escoja la escena
o enumere las medidas de la heroína tan amorosamente como quiera,
pero, al hacerlo, asegúrese de que cada palabra que escoja interese
o haga titilar al lector antes de lanzarlo a la acción.
Bien, habiendo alcanzado un estilo de trabajo y teniendo todos los recursos
esenciales para hacer narrativa, ¿qué debe ponerse en el
libro? Pues, todo aquello que excite a los sentidos, absolutamente cualquier
cosa.
A este respecto, mi contribución al arte de escribir novelas de
suspenso ha sido el intentar la total estimulación del lector por
todos los medios posibles, hasta en sus más mínimos gustos.
Por ejemplo, nunca he entendido porque en algunos libros un personaje
debe comer alimentos tan simples e insignificantes. Los héroes
ingleses parecen poder vivir a costa de tazas de té y botellas
de cerveza y cuando realmente se sientan a comer nunca sabemos en que
consiste la comida. En lo personal no soy ningún gourmet. Mi plato
favorito son los huevos revueltos. En el manuscrito original de "Vive
y deja morir", todo lo que consume James Bond son huevos revueltos,
y lo hace de tal forma que un lector perceptivo se hubiera dado cuenta
de inmediato que este patrón tan rígido de comportamiento
podría significar un serio riesgo a la salud y seguridad del agente
secreto. Ya que, si alguien lo estuviera siguiendo, sólo tendría
que entrar a los restaurantes y preguntar: "¿Estuvo alguien
aquí comiendo huevos revueltos" y de esta forma saber si estaba
tras la pista correcta o no. Por ello tuve que volver sobre el escrito
y hacer algunos cambios en el menú.
Por todo lo anterior, haciendo un análisis de mis libros y para
los efectos de este ensayo, debo concluir lo siguiente: escribo sólo
acerca de lo que me es placentero y me estimula.
Mis tramas, aunque fantásticas, están basadas regularmente
en hechos reales. Pienso que van mucho más allá de lo probable
pero siempre dentro de lo posible.
Mucha gente me pregunta: "¿Cómo se le ocurren esas
cosas?, que mente tan extraordinaria (y a veces sucia) debe tener usted".
Ciertamente tengo una gran imaginación, pero no creo que haya nada
especial en esto. Todos hemos sido alimentados con historias de hadas
y de aventuras durante nuestros primeros veinte años de vida, y
quizá lo único que me diferencia de los demás es
que yo hago dinero con mi imaginación. Los tres incidentes más
fuertes en mi primera novela Casino Royale que arrastran la acción
a todo lo largo del texto están basadas en hechos reales. Provienen
de mi experiencia en la División Naval de Inteligencia. Sólo
las manipulé un poco, añadí un héroe, un villano,
una heroína, y de allí salió el libro.
El primero de ellos es el atentado a la vida de Bond fuera del Hotel Splendide:
La sociedad criminal SPECTRA ha dado a un par de asesinos búlgaros
dos bolsos que deben cargar en sus hombros, uno de color rojo y otro de
color azul. Les han dicho que el rojo contiene un fuerte explosivo, y
el azul una cortina de humo para ayudarlos a escapar. Uno de ellos debe
lanzar el que contiene la bomba mientras el otro presiona el botón
del bolso azul. Pero los búlgaros deciden presionar primero este
último y envolverse en la nube de humo antes de lanzar la bomba,
sin saber que el bolso azul contiene también un explosivo capaz
de hacerlos volar en fragmentos y con la idea de no dejar ninguna evidencia
que perjudique a la organización.
Increíble, podrán decir ustedes. Pero, de hecho, este fue
el método utilizado por los rusos en el atentado contra la vida
de von Papen en Ankara.
La escena del juego se formó en mi mente después del siguiente
incidente: Mi jefe, el director de la Inteligencia Naval, y yo, nos encontrábamos
en un vuelo a Washington en 1941 con el objeto de mantener unas conversaciones
secretas con los americanos antes de que éstos entraran a la guerra.
El avión debía hacer una escala en Lisboa y tendríamos
que pasar la noche allí. Nuestra gente de inteligencia nos informó
que el lugar estaba repleto de agentes secretos alemanes y que el cabecilla
de éstos y sus dos asistentes jugaban durante todas las noches
en un casino de las cercanías. Se me ocurrió de que podríamos
ir y darle un vistazo a esta gentuza. Fuimos hasta allá y efectivamente
vimos a los tres hombres en la mesa de apuestas. Fue allí que me
surgió la idea de apostar contra estos hombres y vencerlos, reduciendo
de esta manera los fondos del Servicio Secreto Alemán.
Lo intenté y en tres rondas estaba en quiebra. Esta humillante
experiencia aumentó mi odio hacia los alemanes y redujo la estima
que mi jefe me tenía. Ese fue el incidente que dio origen a la
escena en que Bond protagoniza un gran juego contra Le Chiffre, el villano
de mi primer libro. Claro que aquí Bond tuvo mucha más suerte
que yo.
Finalmente, la escena de tortura que describo en Casino Royale es una
versión suavizada del método franco-marroquí conocido
como passer á la mandoline, que fue practicado sobre muchos de
nuestros agentes durante la guerra.
Habiendo asimilado todos estos consejos, usted podrá darse cuenta
de todo el esfuerzo físico involucrado en la escritura de novelas
de suspenso. Y yo estoy completamente de acuerdo. Aunque soy muy holgazán.
Quizá mucho más que usted. Y mi corazón se encoge
al contemplar las doscientas o trescientas hojas de papel en blanco que
debo llenar para producir un libro de sesentamil palabras más o
menos bien seleccionadas.
Para esto de escribir me atrevo a recomendar ampliamente cuartos de hotel,
como una forma de alejamiento de la vida cotidiana tanto como sea posible.
El anonimato en este tipo de ambientes apagados y la ausencia de amigos
y distracciones en estos extraños locales pueden crear ese vacío
que podría forzarlo a ese estado de ánimo que puede llevarlo
a escribir con diligencia y aplicación.
Lo próximo en importancia es mantenerse en una estricta rutina,
y cuando digo estricta me refiero exactamente a eso. Yo escribo cerca
de tres horas en la mañana, aproximadamente de nueve a doce, y
luego otra hora entre seis y siete de la tarde. Luego de esto me recompenso
numerando las páginas y guardándolas en un archivador.
Pero, luego de todo este esfuerzo, ¿cuál es la recompensa?
Antes que nada es financiera. Aunque no se obtiene mucho de los derechos,
traducciones y esas cosas. Y a menos que sea usted un individuo incansablemente
laborioso, apenas podrá vivir con las ganancias, pero si logra
vender los derechos para una película, eso sí es un golpe
de suerte.
Pero, por sobre todas las cosas, ser un escritor de éxito le proporcionará
una vida agradable y placentera. No tendrá que trabajar todo el
tiempo y podrá cargar la oficina a todas partes dentro de su cabeza.
Y disfrutará mucho más del mundo a su alrededor.
Escribir lo hará más vivo y, siendo el ingrediente más
importante de la vida, aunque no lo perciba en la mayoría de sus
semejantes, el estar vivo, esto es algo que merece la pena, aunque sólo
se escriban novelas de suspenso.
Ian Fleming (1962)
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